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La postal de Cracovia.

La postal de Cracovia.

Postal de Cracovia

Hacía tiempo que no realizaba un viaje así, despacio. Muchos días en una misma ciudad, una desconocida que nos dio la bienvenida en forma de coronas de flores. Nunca un solsticio de verano fue tan bonito como ese que compartimos a orillas del Vístula. Música y atracciones de fondo, conversaciones amenas y esa brisa de verano que hace que el mes de junio en Cracovia sea tan apacible… yo cerraba los ojos y creía que iba a flotar.

Hablo en plural, sí, porque aunque estos días me aventure cada mañana sola por las calles de Cracovia, en realidad esto no habría sido posible sin el mejor compañero de vida que se pueda tener. No hace falta decir más, solo que le estoy enormemente agradecida a la vida por todo, pero sobre todo por tener a una persona tan bonita a mi lado.

 

CRACOVIA

Llegué a Cracovia con cero expectativas, tan solo había un debate en mi mente, ¿me gustará más que Varsovia? Después de todo, son eternas rivales y a lo largo de mi vida he recibido opiniones muy diversas. A día de hoy me sigo haciendo esa pregunta, ¿me gusta más? Y me atrevo a decir que sí. También porque la he vivido más días. La he sentido mía.

Cracovia es una ciudad que mantiene la esencia de todos los siglos que han pasado por ella. A pesar, o mejor dicho, debido a que ha sido un punto tan importante en la Segunda Guerra Mundial, sus edificaciones siguen intactas. Es todo original. No hay que olvidar que los nazis la ocuparon, pero no la destruyeron, la hicieron suya, como una base de operaciones. Esta es la mayor diferencia que veo con respecto a Varsovia, pues esta última fue arrasada casi por completo y lo que vemos ahora es una reconstrucción, hermosa y nostálgica al mismo tiempo.

Yo no seré quien juzgue la diferencia en la belleza de una y de la otra. Son muy diferentes en su totalidad, pero creo que hay que visitar las dos. Todo el país si es posible ya que tiene una gran historia que contar, lo que sí os voy a narrar es lo que me hace sentir Cracovia.

Partiendo de la base de que estoy alojada en un apartamentito en pleno centro, sobre unos cines ya podéis intuir que la sensación es increíble. Cada mañana salgo por la puerta y me recibe la plaza principal: Rynek Główny, además me acompaña una brisa de aire fresco que agradezco enormemente. Realizo un paseo por las calles hasta traspasar una de las puertas que me saca del Casco Antiguo, con el objetivo de recorrer su muralla, ahora reemplazada por un hermoso parque. La sensación térmica baja un poco, me siento a leer mientras veo a la gente correr. De vez en cuando se me acerca alguna mujer a preguntarme algo en polaco, creo que me piden dinero, pero no las entiendo así que sigo dedicándole tiempo a la lectura.

Cuando noto que llega el hambre y que mi cerebro comienza a ansiar la cafeína, me pongo a caminar y muchas veces dudo, no sé qué cafetería elegir. A ver, que sí, que en todas las ciudades hay cafeterías preciosas, pero aquí soy turista y miro con otros ojos así que me cuesta mucho decantarme por las decenas de cafeterías y pastelerías con encanto. Prometo haceros una lista de mis favoritas 😉

Le dedico un ratito a escribir, a las redes, y a la escritura, lo justo hasta que mis ansías de explorar ganan y me pongo a recorrer la ciudad, sin Google Maps. Me pierdo por completo y es que lo que más me gusta de Cracovia lo tengo claro: son sus calles, sus fachadas, los rincones ocultos, esos callejones que esconden jardines, pubs y mil maravillas. No podría fotografiarlos todos porque no dejaría el móvil ni un instante.

Cracovia tiene una catedral, tiene iglesias majestuosas, un mercado medieval, una fortaleza de la Edad Media y aún así, a mí lo que más me gustan son las callejuelas pequeñas y esos edificios que podrían pasar desapercibidos, pero que están llenos de historia.

Otra cosa que me encanta es la temperatura (obvio), mañanas y noches fresquitas que invitan a llevar una chaquetita, mientras que las tardes son relativamente calurosas.

Y finalmente, la música. Hay música en directo en todas partes. Caminas y la escuchas. Ópera, música tradicional ucraniana, rock y sobre todo Jazz. Sin olvidar al gran compositor y pianista polaco Frédéric Chopin. ¡Qué gran idea fue asistir a uno de los conciertos que organizan en la ciudad!

Pero ojo, hay cosas que no me gustan y una de ellas es clara, el carácter de la gente. He contado con los dedos de una mano las personas que me han sonreído cuando yo les pronunciaba un torpe Dziękuję (gracias en polaco). Yo, que voy de buen rollo a todas partes, sonriente y feliz, me he topado con caras serias, respuestas secas y un carácter algo bruto. Esto ha sido muy inesperado ya que tengo muchos amigos polacos (de otras zonas, eso sí) y eran todos puro amor. No pasa nada, hay el punto se lo lleva Varsovia que eran más majetes.

Os dejo alguna postalita y sigo 😉

 

fachadas cracovia
plaza cracovia
carroza cracovia

No voy a visitar Auschwitz

Una de las preguntas que más recibo es ¿vas a visitar Auschwitz? Eso le daría mucha fuerza a esta postal ¿verdad? Pero no y lo tuve claro desde el momento en el que tuve la oportunidad de decir sí a este viaje.

Ya estuve en un campo de concentración cerca de Berlín y no, no quiero volver a pasar por ello. Entiendo que es parte de la historia, que es un lugar importantísimo, pero quien me conoce sabe que yo tengo una sensibilidad alta, que lloro mucho y tiemblo con solo imaginar. Ya recorriendo el Barrio Judio de Cracovia, (de mis zonas favoritas) he sentido escalofríos. Hay escenarios de la película de la Lista de Schindler en esta ciudad y yo os prometo que temblaba, eso que ni siquiera he visto la peli (nuevamente por motivos de sensibilidad).

Hay cosas y lugares por las que no estoy dispuesta a pasar y Auschwitz es uno de ellos. Esta negación la ha acrecentado una conversación que tuve con una amiga muy querida que me contaba que la vez que fue se encontró con muchas personas haciéndose selfies, riendo y bueno, tomándose poco en serio el espacio en el que estaban.

Lo que sí he hecho ha sido visitar las famosas minas de sal, que son muy especiales y he experimentado un día entero, mañana, tarde y noche en el barrio judio, recorriendo sus calles, disfrutando de sus cafeterías y nuevamente, perdiéndome en el encanto que ha ido dejando el tiempo.

Finalizo esta postal con una anécdota que me gusta. Hace muchos años mi hermano y yo compartíamos un trayecto en tren y coincidimos con un simpático señor que había viajado mucho. Nos contagió de su amor por viajar y nos enumeró la decena de países en los que había estado. Yo le pregunté cuál era el que más le había gustado, a lo que él me respondió: Polonia es el país que más me ha marcado, es como viajar atrás en el tiempo. Este país conserva las edificaciones de antaño, pero también las emociones que deja el paso del tiempo.

Creo que esa frase es perfecta para concluir esta postal: he hecho un viaje en el tiempo y me ha fascinado.

P.

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