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La caída de los influencers es una crisis de guion, pero no, este no es su final.

La caída de los influencers es una crisis de guion, pero no, este no es su final.

Todo el mundo está hablando estos días de “la caída de los influencers”. ¿Me crees si te digo que antes de todo esto yo había grabado un vídeo sobre algo similar? Habla sobre algo que lleva rondándome mucho tiempo en la cabeza: no creo que el problema sean las redes, tampoco los influencers. El verdadero problema es el uso que hacemos el resto (sí, nosotros los consumidoes) de ello. Te cuento un poco lo que creo en este artículo.

Es agosto estamos algo más aburridos de la cuenta (bueno, no es mi caso), pero sí hay una tendencia a consumir más redes sociales, y en el caso de nuestros queridos influencers, a publicar más. El verano claro que sí, da mucho de sí para el postureo. En esta ocasión, la ostentosidad, la desinformación y esa capacidad que tienen de atreverse a opinar de todo ha causado revuelo y mucho. También te digo, ¡por fin!

De ahí nace “la caída de los influencers” que se ha convertido en uno de los temas más repetidos en redes sociales dentro de territorio español. Polémicas encadenadas, campañas de rechazo, cuentas que pierden seguidores de golpe, una audiencia que ya no traga con más idealización y la pregunta del millón, ¿por fin se acabó?

Pero no, no se ha acabado y tengo los datos que abalan esta afirmación. Muchos lo desean, pero no ha terminado, es solo que la mayoría, nos hemos canasado.

Los datos hablan

La 28ª edición de Navegantes en la Red, el estudio de referencia de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación, deja un dato que desmonta la teoría del apocalipsis influencer, más de la mitad de los internautas españoles sigue todavía a algún creador de contenido, y casi nueve de cada diez usa redes sociales a diario. La gente no se ha ido a ningún lado (todavía).

Lo que sí ha cambiado es la confianza. Casi siete de cada diez seguidores cree que se abusa de la publicidad encubierta incluso después de la regulación que indica que hay que poner la palabra publicidad cuando es tal cosa. El verdadero problema es que la credibilidad de estas personas se ha roto y sinceramente, mucho ha tardado.

Otra cosa que está influyendo y de la que solo somos conscientes quienes miramos con lupa, es la limpieza de cuentas por parte de Instagram. A raíz de la misma se han visto caer sus números de un día para otro. Esto hace que yo me pregunte ¿cuánta de esa audiencia gigante era real en marcas, influencers y creadores (aquí todos al mismo carro)?

Credibilidad rota en La caída de los Influencers

Yo como creadora de contenido, estratega de redes sociales y Community Manager llevo años al otro lado del contenido haciendo muchas, muchísimas cosas: diseñando estrategias, escribiendo guiones, construyendo la voz de marcas y de personas en redes… y la conclusión que saco es que los influencers no caen por esa publi, que realmente es parte de su profesión (y a la que de alguna forma nos habíamos acostumbrado). Estos personajes están cayendo porque la hacen mal. Sacan guiones de ChatGPT, no contrastan información y lo que es más grave, opinan sobre absolutamente TODO. Ni siquiera hablo de autenticidad, hablo de que no hay ni un ápice de verdad en su discurso.

Repito, llevo mucho tiempo en este mundo y la publicidad en redes nunca ha sido el problema en sí (también la ha habido en tele, en medios, con famosas, modelos, actrices…), pero cuando todo se limita a crear un escaparate idílico, de vidas perfectas, palabras vacías y guiones memorizados, chao pescao simplificando con gracia 😉

Me pongo el traje de escritora y te cuento algo que me interesa mucho más que como estratega (soy un poco de todo y está bien, ¿no?) El dilema para mí está en la narrativa y en la saturación publicitaria, en contar mal las historias, crear personajes sin ningún tipo de profundidad, autenticidad o realidad. Es siempre la misma trama y te la ponen en bucle. Como ver la misma película todo el tiempo, solo cambia el escenario, de una casa perfecta a un hotel de lujo. No es creíble porque la mayoría de las personas no tenemos y posiblemente no tendremos acceso a este estilo de vida jamás. ¿Cómo voy a sentirme identificada con alguien cuyo mayor problema es que está cansada de tanto viajar en primera clase a hoteles de todo incluido?

Esto es lo que la audiencia pide/quiere

El hartazgo de la sociedad es real y lo que piden responde a esta misma palabra, queremos calidad, y no hablo en términos audiovisuales (aunque sea agradable a la vista), contenido que aporte algo, que inspire. Queremos referentes, ideas, emociones de verdad, espontaneidad. VIDAS REALES QUE INSPIREN.

En un ecosistema construido sobre la imagen donde prima el filtro, el plano perfecto, los cortes exactos, las palabras medidas y una estética cuidada al milímetro, lo que reclamamos es justo lo que no se puede editar. Una voz verdadera.

Yo abogo siempre por la palabra escrita, que en este mundo tan visual parece relegada al olvido y que, sin embargo, tiene mucho que decir. Un texto que no esté escrito con IA, que salga de las entrañas. Los escritores, cuando escribimos no podemos escondernos detrás de una buena luz, de un buen encuadre. Se nota si hay algo real detrás, también si solo hay estructura vacía o si soy un mero plagio, producto de Claude, Gemini, ChatGPT o las mil herramientas a las que permitimos acabar con nuestra voz.

La IA cree conocernos, pero ¿cómo va a hacerlo si ni siquiera lo hacemos nosotros? Por eso no me sorprende que, en paralelo a esta fatiga del escaparate visual resurja el interés por la lectura. Creo que viene derivado de la necesidad de la gente por dejar el scroll infinito que embota los cerebros, por el anhelo de un mundo que corra menos, que nos invite a vivir más en el presente, o en una página de papel que podamos tocar, olfatear y leer.

Mi propia contradicción (no me escondo)

No voy a hacer como si yo estuviera fuera de todo esto. Me dedico, entre otras cosas, a construir la presencia en redes de marcas y de otras personas. Sé muy bien cómo se arma un escaparate y un personaje, yo lo he armado muchas veces con cariño y con oficio. Siempre también con una intención (estrategia lo llamamos en el sector).

Así que no puedo y no quiero vender la moto de que la solución es dejar de hacer publicidad o ser 100% auténtica” como si eso fuera un estado que se alcanza y ya. De hecho, creo que la autenticidad no tiene por qué ser contraria a la estrategia, pero a veces toca admitir que esto de crear, publicar y compartir también es un trabajo, con sus contradicciones incluidas y yo, ya me conoces, soy toda contradicción. Amo y odio las redes sociales de la misma manera.

La diferencia entre un creador que cae y uno que se sostiene para mí está en quién comunica con valor, quien construye comunidad e inciso importante, quien sigue teniendo una voz reconocible porque no se ha vendido a lo fácil: al guion impuesto por la marca, a opinar sin saber, a la IA o a la obligatoriedad de contentar a una audiencia cueste lo que cueste.

El oficio de influencer no termina señores y señoras

No, no es el punto y final. Con este llamado de atención en forma de ola mediática decimos adió a un modelo, pero ni por asomo al oficio. La publicidad va a seguir estando. Los influencers van a continuar ganando auténticos pastizales. Yo creo que el consumo es lo que va a cambiar poco a poco, ya está variando hacia otro tipo de perfiles con más criterio a la hora de comunicar y aportar.

Está genial que esté pasando esto porque yo prefiero quedarme ahí, en esa parte de las redes un poco más brillante y es que, ante todo, lo importante es ser fiel a una misma. Una voz propia, bien construida, que no se vende al mejor postor, que tiene grietas y que se muestra al mundo tal y como es, eso, amigos y amigas es mucho más difícil de derruir.

Y oye si quieres seguirme, no dudes en hacerlo. Soy @p.delacalle.

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