La postal de Bled y de Hallstatt.
La postal de Bled y de Hallstatt.
Estoy en un tren trayecto Salzburgo-Viena con mi amiga Mercedes. Hace algo más de un par de años, ella y yo recorríamos las calles de Nueva York. Montamos en bici por Central Park y nos fuimos al Pier 35 a perseguir uno de esos atardeceres que aunque inmortalicemos con la cámara, donde realmente se quedan grabados es en nuestra retina.
Fue durante esos días en Nueva York cuando algo entre nosotras conectó de forma inigualable: el amor que ambas sentimos por viajar y descubrir lugares nuevos. Nos dimos cuenta de que éramos un match perfecto para las aventuras. Ella la calma y yo el huracán, el equilibrio perfecto.
A este viaje le siguió otro. En febrero del año pasado fuimos a Emilia Romagna (Italia). Visitamos Bologna, Modena, Ravenna y Ferrara. Siempre que viajamos juntas, lo hacemos con un presupuesto modesto, pero eso no es impedimento para el disfrute y en esa escapada, de hecho, nos permitimos una noche en un palacio, ahí decidimos que íbamos a ser princesas (esto es una broma interna que tenemos, algo muy nuestro, nada cursi, creedme).
Un poco después, Mercedes tuvo un detallazo conmigo por mi cumple y nos encontramos en Praga (con traje de princesa medieval incluido). En República Checa descubrimos un pueblo que nos fascinó: Cesky Krumlov (para anotar, guardar y visitar). Entonces decidimos que estaría bien recorrer el mundo en busca de pueblecitos con magia y así, es como llegamos hasta el momento actual donde hemos vivido una experiencia inigualable. En menos de cuatro días hemos estado en tres países, cuatro ciudades (dos de ellas solo de tránsito) y los dos pueblos más espectaculares y llenos de magia de esta zona de Europa (para nosotras).
LA POSTAL DE BLED (ESLOVENIA)
Bled fue un descubrimiento de hace tres años cuando sin expectativa alguna decidí viajar a Eslovenia. Este país me abrió la mente de una forma inexplicable. Hoy por hoy, las redes sociales nos dan pinceladas de los destinos más instagrameables y bonitos, nos ponen los dientes largos y así, nos dirigimos como un rebaño allá donde va todo el mundo. No lo juzgo, yo también lo hago, solo que a veces por este motivo renunciamos a ese factor sorpresa que a mí tanto me gusta.
Yo fui a Eslovenia sin mirar absolutamente nada en Internet, buscando ser sorprendida y tampoco hizo falta mucho. Basta con llegar a Liubliana (su capital) para darte cuenta de que tiene algo especial, ese “nosequé”. Hablo de la luz en esta ciudad, de la paz, del verde que la rodea y la atraviesa. Me refiero a esa sensación de estar en lugar con poco turismo, casi por descubrir y comprobar que es de una belleza inmensa. Enseguida me sobrevino un pensamiento: es posible que solo queden unos años antes de que se transforme en un destino de moda.
Ahora lo veo en las revistas (salió en el último número de Clara) y he descubierto que en julio pondrán vuelos directos desde Madrid. Hasta ahora no había vuelos directos desde España así que me alegro de haber visitado este país durante tres años consecutivos, con la sensación de sentirme parte del mismo y sin escuchar apenas el español por sus calles (os prometo que viaje donde viaje está lleno de españoles). En Eslovenia no pasa eso y hace que la experiencia sea incluso más auténtica.
Aunque Liubliana, la ciudad de los dragones, me apasione, hay una gema en el país que aún me gusta más y se llama Bled. Se trata de un pequeño pueblecito cuyo encanto reside en cuatro puntos principales: su lago, su castillo con unas impresionantes vistas al lago, la isla con la iglesia de la Asunción ubicada en el lago y por supuesto, los Alpes julianos que rodean este paraje, que hacen que mires donde mires quedes extasiad@ con la belleza de la naturaleza. Se trata de un paraje único, donde se funden agua, tierra y cielo. Todo impecablemente cuidado para transformarlo en un destino que ha sido el fondo de pantalla de millones de personas sin ellas saber bien de qué lugar se trataba.
En este viaje, yo quería enseñarle Bled a Mercedes porque sabía que le gustaría y que compartiría mi emoción. El año pasado me llevé a mi novio por el mismo motivo y es que Bled es un acierto siempre. Poca gente, buen tiempo (si tienes suerte) y sensación total de libertad. En esta ocasión incluso nos bañamos.
No tengo palabras, Mercedes tampoco, para describir la magia que sentimos. Al volver estábamos incluso un poco abrumadas, tanta belleza puede sobrepasar. En una palabra anglosajona, Bled es “Breathtaking” (te quita el aliento).
Te dejo aquí nuestra postal virtual y si te gusta y quieres recibir una en formato físico, ya lo sabes, escríbeme a postalesypalabras@gmail.com.

|
|

